Iván Henríquez Figueroa

Cap Ducal: Crítica Urbana

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el lun, 01 feb, 2010 a las 23:00
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Siempre me ha gustado la autogestión. No esperar que nada venga a uno, sino uno ir al encuentro de lo que busca. Este pensamiento para mí tiene gran valor.

Ahora bien ¿qué pasa si uno desea algo con todo su ser y no tiene ni la experiencia ni el conocimiento para realizarlo? Por supuesto uno puede llegar y hacer algo como quien dice a “tontas y locas”, porque dentro de las posibilidades existentes está la de acertar.

Haussmann fue un administrador público francés. Llegó a ser el alcalde del París del 1850. Cansado del “rococó arquitectónico” y las carencia parisinas, trazó líneas y ejes sobre París que harían de de esta ciudad la primera ciudad moderna de occidente. Moderna porque dejaría de ser aquella ciudad amorfa, poco higiénica y mal conectada internamente pasando a ser una ciudad expedita, salubre y de buen aspecto para sus ciudadanos.

Sin ser arquitecto ni urbanista de profesión, logró con “mano de cirujano” solucionar un sinfín de complejidades urbanas. En este caso efectivamente el sentido común pudo más que cualquier grado de experticia. A esto los arquitectos le llamamos tener “buena mano y mejor ojo”. Todo un merito por cierto.

Valparaíso y Viña del Mar están repletos de ejemplos de lo que se denomina arquitectura vernacular, donde sus habitantes son muchas veces los responsables de los diseños que presentan espacios públicos y privados, colores y curiosidades formales. Esto da como resultado un paisaje rico y variado en contenido y forma urbana.

Pero ¿qué pasa si una casa o recinto es parte medular de algo mayor que podemos llamar las “postales de la ciudad”? Para graficar qué es una “postal de ciudad” usemos como ejemplo el Reloj de Flores, el Muelle Vergara y el Castillo Wulff en Viña del Mar entre otras o la mal llamada “Ratonera”, el Baburizza y la Biblioteca Severín en Valparaíso.

 Como se podrá dar cuenta amigo lector, no son pocos los edificios que poseen esta cualidad en el Gran Valparaíso, pero tampoco son tantos como para que éstos no estén en buen estado para la comunidad.

En el caso de estas construcciones, las que forman parte de la estructura medular de la ciudad, las decisiones azarosas no son generalmente las mejores ni las más indicadas. Con esto quiero decir que cualquier sobre-intervención en ellas se debe hacer con cuidado y respeto por una “memoria histórica”, que además de conllevar una carga emotiva trae consigo una remembranza del espíritu de una época.

Esta reflexión la expongo a raíz de la desazón que me da ver el estado actual de ese maravilloso edificio que fue el Cap Ducal. La desazón que me da ver cómo una tras otra vez se ha intervenido sin criterio ni sentido alguno el edificio. Cómo fue trasformado en un “embeleco” de lo que fue originalmente. Un mal chiste o una réplica triste de una maravillosa época en la cual y sin lugar a dudas era una “postal urbana” de Viña del Mar.

Iván Henríquez Figueroa

Hotel Sheraton Miramar: Crítica Urbana

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el mar, 26 ene, 2010 a las 13:23
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Una obra de arquitectura tiene la posibilidad de poder significar muchas cosas para un lugar. Así, por ejemplo, bien puede constituir un hito urbano que más allá de su uso propio represente un referente de ubicación: “vivo al frente del edificio de los balcones azules y amarillos”.

También puede ser una particularidad en sí misma por su uso notable para la comunidad: “voy a la Iglesia…voy al teatro Municipal”.

Una tercera posibilidad es que la amalgama de usos diversos y el carácter propio de la obra genere un polo de atracción: “el Mall”.

Este listado obviamente puede ser tanto más extenso tanto más complejo sea el grado de minuciosidad con que se mire al objeto en cuestión (la obra de arquitectura).

Lo que, sin embargo, comparten como principio netamente arquitectónico en su sentido original es la oportunidad que tiene esta obra de intervenir el espacio público de un modo “bueno o malo” desde un punto de vista estético-funcional.

Así es cuando no pocas veces contemplamos como un barrio se mejora a partir de una buena obra  como lo podría ser la implementación de una plaza pública en un entorno carente de espacios públicos de calidad. O, a la inversa, cuando un barrio se empeora por la intervención descriteriada de tan sólo intereses comerciales que destrozan un barrio establecido en post de un mal entendido desarrollo habitacional.

Me voy a referir entonces a un edificio que denote en Viña del Mar alguna de las características anteriores para el ciudadano común y corriente: el Hotel Sheraton Miramar.

El hotel está emplazado en un lugar privilegiado. Esto hace que prácticamente cualquier recinto que se ponga ahí “quede bien” (salvo que el proyecto fuera una monstruosidad). Además de las virtudes propias del lugar, éste es un sitio estratégico dentro de la ciudad, por lo cual se debe exigir que regale a su entorno directo un bien.

Me refiero a un bien como un aporte al espacio público. Me refiero a un bien como un donativo per se del edificio a la ciudad. Es algo así como una relación recíproca  donde el Hotel, como marca, goza de uno de los mejores sitios de la ciudad y éste a su vez “regala” por ética un bien a la comunidad.

¿Cuál es el sentido de plantear esto? Simple: si usted lector va a la Playa Caleta Abarca y se pone a tomar el sol podrá apreciar el Hotel Sheraton Miramar. También podrá apreciar cómo este edificio se posa sobre la playa a través de un zócalo de hormigón: no olvide jamás que la playa es un espacio público tan suyo como mío.

Este hecho, el de tocar tan sólo un trozo de espacio público, es sumamente importante: el zócalo en cuestión que a simple vista parece una resultante del proyecto no lo es, o mejor dicho no lo debiera ser,  pues interviene un espacio de todos los ciudadanos (insisto, tan suyo como mío).

No debiera ser sólo una resultante porque el paisaje se ve profundamente afectado por este murallón que bien rememora alguna parte del führer búnker, rememora algún muro exterior de una cárcel o bien rememora cualquier muro tipo hormigón a la vista que nos contaminan visualmente las ciudades del país día a día.

Qué diferente hubiese sido el mismo muro como soporte de un hermoso mosaico o que el mismo muro hubiese tenido una caída de agua como la del Centro Cultural La Moneda o que hubiese estado pintado en una magnífica composición abstracta para que los bañistas disfrutasen del Hotel Sheraton Miramar estando fuera de éste (ya hablamos de la relación de reciprocidad).

Debemos de una vez por todas meternos bien adentro en la cabeza que las ciudades se van constituyendo en un bien apreciado por todos, residentes y afuerinos, cuando los detalles  de éstas son pensados para todos. Cuando estos “detalles” son considerados y no pasados por el aro. Cuando estos detalles son proyectados con respeto por el bien general y democrático del lugar, es decir, cuando la arquitectura se hace para todos.

Sólo en ese momento podemos hablar de un “edificio bueno” y no sólo de un edificio llamativo para los más ingenuos.

Iván Henríquez Figueroa

Lo Top de Reñaca o la Ordinariez Misma.

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el mar, 19 ene, 2010 a las 11:26
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No sé bien desde cuándo es que la playa de Reñaca se nos presenta como un balneario top. Con promotoras top, con autos top, con gente que usa ropa y anteojos top, gente que usa poleras y bikinis y trikinis o cómo se llamen bien top. En síntesis: un lugar top y como desde un tiempo a esta parte en Chile todo quiere o al menos pretende ser top vendiendo, por ejemplo, en Santiago departamentos de 1 millón de dólares y más,  autos tipo jeeps de guerra, como los que en este momento recorren Irak, todos negros y con vidrios polarizados, para no dejar ver nada del interior del pequeño búnker y menos la pareja que va adentro en actitud top, o teléfonos celulares que quizás ya se pueden enlazar con la estación espacial de la NASA (¡qué más top!) es que no me extraña  nada que en la playa de Reñaca ya no basten los teams de verano y sus perfomances callejeras dando paso a bares para éstos de 2, 3 o 4 pisos aterrazados, donde emulando tal vez Ibiza o tal vez Miami, los chicos beban junta a las chicas ron con energéticas, o lo que sea, mirando al mar y escuchando música a “todo chancho”: lo que nada tiene de top. A mi parecer escuchar la música a “todo chancho” en un lugar público es de lo más rasca que se puede hacer y, por ende, lo menos “top”.

Una de las virtudes de ir a la playa es el poder contemplar de manera gratuita el paisaje y vivenciarlo como un bien común, donde se respetan reglas mínimas de convivencia, pero que hacen de esta experiencia algo gratificante para el alma (así se puede uno relajar y despejar la mente).

En Reñaca la gracia radica en poder estar en el intermedio entre la naturaleza y la ciudad. Claramente la gracia de esta playa no es su agua, pues no es una buena playa para nadar. Tampoco lo es su arena que te muele la espalda. Menos lo va a ser su tranquilidad ni su hermetismo, pues es una playa que está en una ciudad. La virtud de Reñaca es ser una playa de un largo importante respecto al lugar donde se emplaza y con esto constituye un lugar notable, pues es el balcón natural de esta ciudad.

Por lo mismo hago un llamado público a bajar los decibeles de los equipos de música, que mal amplificados suenan como un tarro y no nos dejan disfrutar de estar en la playa. Esto es parte de la guía de convivencia entre todos los usuarios del balneario. Si no me creen vayan y pregúntenle a las familias qué es lo que opinan de estos barcitos de música repugnante.

Iván Henríquez Figueroa

¿Se preparó Viña del Mar para el verano 2010?

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el jue, 14 ene, 2010 a las 9:08
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Hace una semana, durante la tarde, fui a la playa Las Salinas junto a unos amigos de Sao Paulo, Brasil. Siempre me gustó esa playa, tanto por su paisaje como por ser quizás la más apta para nadar en todo Viña del Mar. El ambiente estaba grato: muy familiar. No como en esa horrible época en que el programa Mekano de Mega la convertía en un flaiterío danzarístico poblacional. Vale decir que nada tengo en contra de las poblaciones populares, de hecho en esa tarde en la playa había muchas familias populares que disfrutaban sanamente de la playa. Una cosa, claro está, es la falta de recursos y otra muy distinta es la ordinariez y la estupidez humana.

La tarde se vio empañada a la hora de ir a almorzar. Entendiendo que una de las gracias de estar de vacaciones es poder disfrutar a cabalidad del ocio, mis amigos claro está no llevaban colaciones ni nada por el estilo. Las Salinas, desde que tengo uso de memoria, ha tenido un restaurante es su acceso por la Recta Las Salinas. Acá se produjo un conjunto de situaciones lamentables: falta de oferta de comidas, pésima higiene en la manipulación de los alimentos  (fue todo un show ver a pocos metros el proceso de armado de los platos, incluyendo al vistoso maestro de cocina espantando a un par de baratas en la cocina) todo esto sumado a la ya “acostumbrada” falta de papel higiénico y limpieza de baños.

¿Cómo puede una ciudad entonces auto proclamarse la capital turística de un país si a la hora de disponer y ofrecer los servicios más básicos o no los tiene o bien los tiene pero en pésimas condiciones? ¿Seré acaso sólo yo quien ha reclamado más de una vez por la inexistencia de baños públicos en la ciudad, teniendo que recurrir a mi carita más simpática y pagar para que me dejen orinar en algún local? ¿Seré acaso sólo yo a quién no le ha gustado la comida por encontrarla mal preparada o poco vistosa en su aspecto higiénico?

Al día siguiente y con el recuerdo de 3 platos casi intactos fui junto a mis amigos más un par de jóvenes de Mendoza, Argentina, a Reñaca. En estos días los teléfonos celulares tienen la capacidad de conectarse a Internet, así que siguiendo la sugerencia de existencia de WI FI en los casetones demarcadores de los diversos sectores de la playa de Reñaca, fue que entramos a conectarnos: ninguno tenía conexión. Los recorrimos uno por uno los casetones y en todos nos fue mal. No voy a pensar que al concesionario se le olvidó pagar la cuenta del Internet, ni menos que la señal es débil y, por lo tanto, ninguno de nuestros teléfonos pudo conectarse. Sólo voy y quiero pensar que en el resto de la ciudad todo está funcionando bien a pesar de que en pleno Enero he visto cómo los maestros se pasean por San Martín con 5 Norte, apurando la construcción de un restaurante, entremedio de turistas que esquivan desde tablas y tarros de pintura hasta mesas y sillones.

Total: ¡todo sea por el bendito turismo! 

Iván Henríquez Figueroa

Controversia que en estos días se ha instalado en Viña del Mar.

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el dom, 03 ene, 2010 a las 23:16
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Chile es un país que goza en todo el largo de su territorio continental del mar como condición única y espectacular.

Somos una nación donde nuestras fronteras naturales, mar y cordillera, desierto e hielo, nos proponen una forma exclusiva en el mundo de desarrollo habitable.

Esto, por expresarlo de algún modo, es una situación fortuita donde ninguno de nosotros tuvo ingerencia y, por ende, define el modo mediante el cual habitamos y creamos una identidad.

En el Gran Valparaíso, el borde costero, a sapiencia de todos, es un elemento identitario tanto en forma tanto a nivel programático. Esto me lleva a creer que todas las intervenciones arquitectónicas-urbanísticas deben de ser capaces de reconocer una unidad mayor llamada Borde y no tan sólo un lugar acotado.

De ningún modo me opongo a proyectos emplazados en esta área de la ciudad que contribuyan al bien común ciudadano. Lo que no valido son aquellos proyectos que en beneficio de algunos coarten los privilegios gratuitos de los habitantes.

Así, por ejemplo, la implementación del tramo 15 Norte - Las Salinas me parece asertivo en su generalidad. Cada cual puede y tiene todo el derecho a someter a juicio las particularidades del proyecto: no me gustan los casetones de ventas hechos en madera y acero porque creo que no son aporte, esta es una opinión que viene exclusivamente desde mi punto de vista de Arquitecto.

Al mismo tiempo la apertura del muelle Barón, más en un comienzo que ahora, la considero un logro y un atisbo de hacia donde orientar recursos e ideas en Valparaíso.

La controversia por estos días se ha instalado en 8 Norte con Avenida Perú (frente al Hotel San Martín).

Cuando uno es usuario real de los espacios públicos puede atestiguar mejor las opiniones ciudadanas. Más veces vi una cara de desconcierto que una de gratitud por este recinto emplazado en un lugar  estratégico del tramo en cuestión. Más veces oí el sentimiento de "perder playa" que de ganar un lugar de reunión.

Recalco que el "perder playa" no es exclusivo a perdida de m2 de arena, sino que tiene que ver con todo el rito de goce de un paisaje privilegiado y con la satisfacción de saber que este perdurara lo más posible. Por esto digo: ojo con llegar y construir en cualquier parte. 

A todo esto, simpáticas las palmeritas en la playa de Reñaca, ojalá que no crezcan.

Iván Henríquez Figueroa

A propósito de los incendios de Valparaíso.

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el lun, 28 dic, 2009 a las 22:08
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Este fin de semana fuimos testigos privilegiados de los múltiples incendios acaecidos en nuestro Gran Valparaíso. Hoy por la mañana a través de BBC se informaba que ya van 2000 hectáreas de bosques arrasados por el fuego de estos incendios.

Como arquitecto reflexiono sobre qué podríamos hacer como ciudad para contrarrestar en gran medida estos eventos que ya son anuales.

Parto por lo obvio, esto es situar el emplazamiento de nuestra ciudad y su morfología en su real magnitud. La concatenación de cerros que se genera por la ligazón de las quebradas que abrazan el borde costero es el elemento decidor de la estructura urbana de la ciudad. Así es como es en esta condición que se desarrollan numerosos asentamientos que bordean toda lógica constructiva.

Se me ocurre enseguida a partir de la aceptación de esta geografía única en su tipo la parcelación, en diversas escalas urbanas, de los cerros y quebradas hasta llegar a los bosques colindantes: esto a través de muros divisorios contenedores que podrían tanto dividir como subdividir el territorio.

Las quebradas son factores claves durante las catástrofes de invierno y en el verano de los incendios.

Estos muros contenedores permitirían un rápido y expedito acceso a sus lugares más recónditos, la implementación de equipos de salvataje y la distribución de agua y albergues provisorios o rutas de escape.

Además contarían con personal de vigilancia calificado permanente, con lo cual las alertas se realizarían en tiempo real y se convertirían así en lugares de estudio y aprendizaje permanente frente a cada evento de esta envergadura.

Quiero dejar bien en claro lo consciente que estoy en proponer lo anterior y sé que a más de algún purista le molestará o no comprenderá semejante intervención urbanística.

Hago recibo de esta predisposición recordando que Valparaíso y Viña del Mar lograron asentarse ganando espacio natural al mar, es decir, la ciudad fue capaz de reconocer el modo de convivir con un borde costero que hoy admiramos tanto a pie tanto en auto. El llamado es entonces a auto-desafiarnos en creatividad para dar respuesta a una de las variables que está sometida toda ciudad en estos días y no quedarnos tan sólo admirando cómo el fuego podría arrasar la ciudad completa si no fuera por la suerte y esos héroes llamados bomberos.

Iván Henríquez Figueroa

Chile: un país que no pone en valor el derecho político de sus ciudadanos.

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el jue, 10 dic, 2009 a las 20:56
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A propósito de mi artículo publicado en www.proyectosinergias.com titulado “Forum Internacional de las Culturas Valparaíso 2010” y que luego fue reclutado en  el periódico regional de Valparaíso  www.elmartutino.cl es que hoy quiero reflexionar sobre el real poder político de los ciudadanos chilenos.

Ya nos encontramos en las vísperas de la Elección de Presidente acá en Chile y como todo indica vamos a seguir atiborrados de carteles callejeros, propagandas por aire, mar y tierra, spots publicitarios en televisión, radio e Internet hasta los albores del 10 de enero de 2010, pues la segundo vuelta se ve inminente.

Yo no voto. No estoy inscrito. La verdad es que si votara probablemente votaría por quién me agradara más en ese momento dentro de la urna conmigo mismo, el lápiz y el supuesto voto. Pero como no es así, dado que he “voluntariamente” elegido dar un paso al costado, es que no tengo derecho a queja y nada por el estilo. Así es que no me queda nada más que desear que salga electo quién posea las mejores capacidades para manejar a nuestro país por los próximos 4 años.

Chile es un país dicotómico. Chile es un país que juega a veces en las ligas mayores de la economía mundial y otras veces con las máximas vicisitudes de la improvisación y las cosas hechas a última hora.

Chile es un país estable políticamente. Es un país que no posee mayores problemas sociales que los que pueda tener cualquier otro país de Sudamérica. Es un país confiable y responsable. Si  no fuera así no llegarían con frecuencia trasnacionales como Wal-Mart y otras. Tampoco existen grandes grupos anarquistas ni nada por el estilo. En este sentido es un país más bien tranquilo. Yo diría que en exceso. Esa tranquilidad se traspasa a los demás ámbitos de la vida y es así como la actividad social y cultural, salvo contadas excepciones, es un producto de consumo de las clases altas.

Las clases altas chilenas son importantes. Son importantes porque acumulan enormes riquezas. Son importantes porque manejan una extraordinariamente compleja red de círculos sociales de todo tipo. Son importantes en definitiva, porque sin hacer mayores esfuerzos van tejiendo los rumbos de la nación. También son importantes porque dan empleos, el problema es que éstos son escandalosamente mal remunerados.

Sin embargo, su nivel cultural no dista mucho del resto de la población. Es por esto que en verdad los chilenos constituimos una sola gran raza. No se producen diferencias siderales entre quienes viajan a cada rato a las playas del extranjero o la nieve de Europa y quienes intentan con muchas ganas y poca plata veranear en alguno de los hermosos paisajes nacionales. Tampoco estas clases sociales consumen mucha cultura: se podría decir que ven lo mismo por televisión que el resto de los ciudadanos.

En Chile los impuestos ciudadanos son bastante altos. Acá tu debes pagar el 19% de todo lo que consumes al Estado. Esto a nivel de consumo menor, ya que las grandes compañías prácticamente no pagan nada en porcentaje a lo que perciben en ingresos. Si me compro un jugo de frutas, el 19% va a nuestro Estado, lo mismo si compro un vaso de vidrio para tomar ese jugo o un rollo de papel higiénico para limpiarme posteriormente a que vaya al baño a botar lo que no me sirve de ese jugo.

Yo nací chileno y por este hecho tengo la obligación de pagar este impuesto. Sin embargo, nací chileno y no tengo el derecho a votar por quién quiera cuando yo lo determine conveniente. Lo que sí puedo hacer es ir a inscribirme para otorgarme a mí mismo el derecho de poder votar. En otras palabras, mi Constitución no me otorga per se un derecho que aparece como básico a fines del año 2009 en una cultura civilizada. Este es mi país a grandes rasgos: un país que no pone en valor el derecho político de sus ciudadanos.

Iván Henríquez Figueroa

Arquitectura ética y el ciudadano absoluto: Primera Reflexión.

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el lun, 16 nov, 2009 a las 1:50
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La prolongada y sostenida sucesión de malas decisiones y errores planificatorios urbanos y la toma de conciencia por parte de un grupo, creo que cada vez mayor en cantidad, de ciudadanos conscientes tanto de las buenas como de las malas soluciones arquitectónicas que afectan a las ciudades, me hace creer que la cualidad y el rol del habitante cambió respecto a la configuración de las ciudades. Esta percepción es en un tono global y afecta indistintamente a los diversos mundos y culturas.

Cambios estructurales económicos, de sentido de pertenencia cultural y la toma de conciencia medio ambiental arrojan a todas luces, lo que los medios reflejan a diario en blogs y tweets, como insatisfacción y un descontento generalizado en un mundo que habitamos en la dualidad e integración del espacio construido y el espacio virtual sin fronteras del que disponemos en cada computadora existente.

Se pasó de un ciudadano-habitante que encarnaba a un mero espectador, lejano y sumiso a su realidad a un actual ciudadano-absoluto, que posee percepción real de su entorno directo e indirecto a cabalidad y que maneja tal cantidad de recursos e información que se ganó el derecho de intervenir y participar en toda discusión que afecte a la ciudad.

Debido a lo anterior es que la arquitectura contemporánea adquiere un giro notable: sale de las cúpulas a la calle manifestándose en respuesta directa al ojo avizor de este nuevo tipo de ciudadano. Más la tarea no es sencilla, pues no se trata tan sólo de abrir un mundo reticente y en ocasiones indescifrable a la comunidad, sino de un cambio en la profunda actitud y convicción de la profesión. De otro modo sólo se logra emular lo que aparecía como revelador e iconoclasta en una Europa de vanguardia junto al arte pop norteamericano que detectó los primeros síntomas de una nueva realidad, pero que en esencia fue trivializado por la conducta de las masas.   

El arquitecto hoy debe ser el arquitecto-ético. El arquitecto-ético es aquel que al mismo tiempo escucha, procesa, evalúa y proyecta. Se podría decir que es quién articula acuerdos entre las distintas y cambiantes variables con los requerimientos actuales, y no ser quien simplemente arroja formas preconcebidas.

De ahí resulta que el nuevo mejor amigo del arquitecto-ético es el ciudadano-absoluto, pues el ciudadano-absoluto maneja las claves de los nuevos programas arquitectónicos contemporáneos.

Este solo hecho sitúa al ciudadano-absoluto en un pedestal de honor, pues la fractura entre la arquitectura proyectada actualmente, que corresponde a la corriente objetual, con los cambiantes programas contemporáneos, que hablan de espacios flexibles y democráticos, toma cuerpo en completitud cuando la ciudad pierde su sentido original: el poder de convocatoria congregadora, dando cabida desde hace mucho tiempo ya a la ciudad disgregada por excelencia y todas sus expresiones espaciales que reconocemos, vivimos y sufrimos a diario.

Iván Henríquez Figueroa

Energía y la era de la estupidez.

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el vie, 23 oct, 2009 a las 23:44
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Hace un par de años ya que Chile se ve enfrentado al problema contemporáneo de no disponer de los recursos naturales para generar la suficiente energía que necesita a nivel país. 

Chile cuenta con una geografía muy variada donde existen innumerables lugares de características sorprendentes. Entre éstos se cuenta un trozo de Antártida, un enorme desierto, mar y océano al por mayor, etcétera.  

Bien es sabido el importante crecimiento económico que mi país ha experimentado. También es conocido en todas partes que el continente Sudamericano a nivel político es casi un chiste. Dentro de este marco nuestro país se ha auto proclamado como el más ordenado y estable de la región avalando este concepto siempre en datos económicos que provienen desde afuera, es decir, de las naciones ricas e importantes e influyentes. 

No hace mucho tiempo que con Bolivia se tuvo un impasse de nivel político mediático. Bolivia posee una importantísima cantidad de gas natural. A pesar de que colindamos con los bolivianos, no fuimos capaces de llegar a un acuerdo rentable para ambas partes ni de generar un trueque de gas natural por mar o mar por gas natural.

De esto hecho el gobierno central y el ex presidente Ricardo Lagos alentó a los chilenos a estar tranquilos frente a la escasez de energía. No debíamos temer a cortes de luz programados ni nada por el estilo, pues, en una jugada percibida como maestra, se nos dijo que el país importaría gas desde donde fuera. 

Pasaron los años y hoy en día las principales empresas de gas chilenas en apoteósicos avisos comerciales televisivos nos muestran cómo importan en enormes barcos el gas desde lugares tan distantes que ni siquiera me acuerdo en este momento. 

Esto aparece en una estética y lógica de que lo que es ofrecido se cumple y, por ende, nos mostramos con ejemplos reales como una nación seria y responsable con sus promesas.

A mí la duda que me cabe es la de pensar, por ejemplo, cuántos litros de petróleo se utilizan para realizar estos viajes trans oceánicos, que supongo no se realizan una vez por año. Al mismo tiempo pienso cuánto acero se debe utilizar para la fabricación de estos barcos cargueros, cuáles son las probabilidades de que alguno de ellos se hunda con gas y mate a cuanta criatura viva haya en el mar, entre otras dudas que no me interesa exponer aquí.

A pesar de mis tal vez negativos pensamientos no dejo de alegrarme de que el gas está todos los meses en la puerta de cada hogar chileno tal como se prometió: cueste lo que cueste.

Iván Henríquez Figueroa

El ocio en Chile.

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el lun, 19 oct, 2009 a las 12:29
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Ocio y el sentido de pertenencia.

¿Qué hacer frente al ocio?

Esta pregunta puede resultar inquietante, motivante y angustiante en mi país.

El tiempo actual se basa en gran parte en 2 tipos de actitudes frente al ocio:

a) Auto represivas: “no hacer nada” es malo.

b) Complaciente: “hago lo que quiero “ con mi tiempo.

Pero, ¿serán opuestas?

Yo veo al ocio como un bien en lo más profundo. Como un regalo a mí mismo: es un precioso tiempo para mí, pero que no adquiere sentido si no logra establecer relaciones con los demás.

Ocio tiene mucho que ver con el sentido de pertenencia. Por ejemplo “hago con mi tiempo lo que quiero”, es decir, tengo tiempo y voy al Mall, por ejemplo. ¿Por qué? Porque están todos allá, o sea, soy parte de un “ocio compartido”. (Me justifico en mi ociosidad)

Pero qué pasa si el ocio es practicado solo, si se abandona ese sentido de pertenencia y la justificación para practicarlo. ¿Qué ocurre?

Se da entonces un ocio ensimismado o un ocio individual y así es fácil que sea confundido con un tiempo de no hacer nada o de aletargamiento: “eres un ocioso”.

 

Ocio y soledad.

En soledad se piensa, se medita, se reflexiona, se discute con uno mismo. Se elabora un pensamiento. Se establecen relaciones abstractas. La mente puede volcarse en libertad. La conciencia “se relaja”.

En multitud ese estado de “quietud” es demasiado difícil de adquirir. Ahí está su valor. El valor de las masas es ser parte de un resto o un acto común.

El ocio, por ende, para mí es diferente al ensimismamiento y algunos de los actos derivados del ocio pueden ser catalogados como:

- Actos de mi autoría.

- Actos de mis deseos y ganas.

- Actos de mis propias voluntades.

 

El ocio: un estado neutro.

Mi punto de vista no es ver al ocio como un acto independiente: "estar ocioso" (calificativo despectivo).

Mi punto de vista es ver el ocio como una categoría del estar. En este punto de vista se le quitan asociaciones positivas o negativas y todas sus connotaciones y cargas.

Es así que resulta un estado neutro la ociosidad y se puede discutir de él sin prejuicios.

Cuando se debate el ocio se genera la inquietud: ¿qué se hace frente al ocio?

Algunas de las cosa fundamentales que se dan en el ocio es generar arte. Sin embargo, los chilenos aún vemos al arte en el no tiempo, con lo que desvalorizamos este precioso estado.

Iván Henríquez Figueroa

El 12 de Octubre.

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el lun, 12 oct, 2009 a las 16:24
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"Somos un agujero

en medio del mar y el cielo

quinientos años después

una raza encendida

negra, blanca y taína

¿pero quién descubrió a quién?"

"El costo de la vida", Juan Luis Guerra.

 


En Chile hoy es día feriado legal Civil, porque se conmemora el "Encuentro de Dos Mundos". Yo no sé bien qué es lo que quiere decir conmemorar o celebrar el día del Encuentro de Dos Mundos. Lo cierto es que un día como hoy hace 517 años Cristóbal Colón y su gente llegaron a América.

Aparentemente estamos en un mundo globalizado, al menos esto es lo que se escucha todos los días por los medios, esto quiere decir que además de los compromisos económicos, los tratados de libre comercio, los intercambios estratégicos de suministros y tecnología, compartimos ya no tan sólo información cultural, sino experiencias reales comprobables y un sinfín de expresiones sociales y políticas de integración humana.

No es nuevo decir que Haití, país inserto en nuestra América, está sumido en una pobreza escandalosa. Tampoco lo es afirmar que en Honduras ya hay muertos por un nuevo golpe de estado. Países como Perú, Ecuador y Bolivia poseen una altísima cantidad de personas desprovistas de cualquier tipo de recurso. En chile los grados de distribución de la riqueza son horrorosos. Argentina trata de salir de un estancamiento generalizado a los tumbos. Brasil, el gigante latinoamericano, está atestado de favelas, droga y prostitución.

Si me diera el tiempo para realizar un seguimiento conciso de la realidad de de cada país apuntaría acá las conclusiones registradas. No es un propósito mío ese.

Nuestro continente, que es enorme, pues comprende el territorio desde Alaska hasta la Antártica, es un mundo en sí mismo. La riqueza cultural de América es extraordinaria. Recursos más recursos menos la alegría de nosotros los americanos es apreciada por todos. No sé a ciencia cierta si existe gente más afable y amistosa que los latinos, al menos en el mundo occidental.

La belleza y simpatía del pueblo colombiano, el talante expresivo de los peruanos cuando hablan, la gracia de los argentinos y sus modos, la picardía de los chilenos, la alegría eterna de lolos brasileños, la cordialidad ecuatoriana, el respeto del boliviano, la espontaneidad del venezolano, por decir algunos atributos de la gente de algunos de nuestros países.

Sin embargo, nuestra región se puede apreciar claramente disgregada en sus roces y encuentros multiculturales. La geografía cumple su rol a cabalidad y la integración globalizada no se expresa en toda su potencialidad, siendo que acá todos dependemos de todos recíprocamente.

Las razones que generan estas distancias no las sé y tampoco se las voy a regalar a la política, pues eso seria otorgar poder a personajes que poco y nada comprenden de cómo se realiza una verdadera hoja de ruta de integración.

La política me gusta mucho, lamentablemente no poseo las condiciones morales para ejercerla. Prefiero estar con mi familia y hundirme con ella si es necesario a sentirme un personaje de una novela ya escrita.

América es un continente hermoso. Resulta paradójico pensar que celebramos la llegada de Colón a  Guanahani en  San Salvador, hoy parte de las Bahamas, una pequeña isla que está al noroeste de Cuba, al noreste de Haití y en América Central, justo donde en estos momento se está viviendo un drama humanitario que no se ve a diario en los noticieros.

Iván Henríquez Figueroa

El partido de fútbol y Chile va al Mundial.

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el dom, 11 oct, 2009 a las 23:13
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Ayer la selección chilena clasificó al Mundial de fútbol de Sudáfrica del 2010. Me declaro un fanático del fútbol y estoy feliz por mi país.

Nuestro técnico actual es argentino. La última vez que fuimos a un mundial de fútbol fue al Mundial de Francia en 1998 y nuestro técnico de ese entonces era uruguayo.

Hoy en día el Director Técnico del Real Madrid, el equipo más afamado del mundo, es chileno. La falta de confianza cotidiana en la posibilidad de lograr metas es una característica nacional. 

Hablo, entonces, en un sentido transversal. El chileno le teme a la posibilidad del triunfo. Obviamente y como todas las cosas, hay excepciones, y a decir verdad no son pocas. Así contamos, por ejemplo, con dos premios Nobel de literatura, con un ex número uno del mundo en Tenis, con el récord mundial de altura en salto realizado por un jinete y con los que son probablemente los mejores vinos del mundo.

Sin embargo, la realidad cotidiana muestra cómo tememos a embarcarnos en cualquier tipo de empresa por esa pequeñita posibilidad de poder quizás triunfar.

Nuestro país, Chile, ha cambiado muchísimo los últimos veinte años. Hoy somos el país más tecnologizado de Sudamérica y el con mejor estándar de vida en la región. Nuestras autoridades están a un paso de integrarnos como nación en plenitud en las agrupaciones de los países más ricos del orbe y gozamos también de una estabilidad política fuera de norma en el continente. Al mismo tiempo, Chile goza de una geografía única en el mundo y de una cantidad de recursos naturales extraordinarios.

Otros datos no menos sorprendentes son que estamos insertos en el grupo de países con peor distribución de la riqueza a nivel mundial y la calidad de nuestra educación tanto pública como privada está en crisis. 

Mi país es un país donde las contradicciones están presentes en todo momento. Para mi lo contradictorio no tiene la capacidad implicatoria de ser algo negativo per sé, tal como el ser consecuente tampoco lo logro apreciar necesariamente como una virtud. El hecho es que en el momento que se suman la falta de confianza en las propias capacidades con los pocos incentivos exteriores se genera como resultado una estática del accionar.

Esa estática es precisamente la que no logré ver en ningún momento ayer. Ayer precisamente cuando le ganamos 4 a 2 a Colombia en Barranquilla.

Iván Henríquez Figueroa

Los grafitis.

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el sáb, 10 oct, 2009 a las 13:23
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¿Marginalidad y descontento, sentimiento de exclusión y desarraigo o acaso la Máxima expresión del Arte Popular?

Válidos o no los grafitis están sobre las ciudades hace rato. Y, a decir verdad, hace ya muchísimo rato. Yo creo que esto se debe al significado simbólico que éstos portan tras sus declarados colores fuertes y sus gráficas variables.

¿Alguien se imagina alguna ciudad a lo largo de la historia sin rayados, carteles pegados, amenazas o precios por la cabeza de algún tipo, expresiones políticas, sociales y económicas pintadas en muros o dónde sea?

¿Alguien se imagina Egipto, Atenas, Roma, Constantinopla, París o Nueva York sin estas expresiones populares o religiosas?

Yo no puedo. Al imaginar cualquier lugar del mundo se me viene rápidamente a la cabeza un sinnúmero de iconografías, desde las paganas, religiosas, hasta las orientales, que para mí son un espectáculo en sí mismas.

El tema estuvo en boga hace un par de años con los libros de Dan Brown y sus interminables cacerías de símbolos. Me declaro que soy parte del grupo de personas que no le restan importancia a su obra por encontrarlas o superficiales o antojadizas. No creo eso, más bien me quedo con el aporte que generó al hacer re-descubrir a un montón de gente conocimientos a estas alturas semiperdidos como la serie Fibonacci, la sección áurea o incluso recordarnos la existencia de la Banca Vaticana.

Regresando a los grafitis, pienso que éstos ya superaron la barrera de lo meramente discursivo anarquista o lo político disconforme. Los grafitis son obras en sí mismas. Poseen autenticidad y creatividad, poseen estilo y plástica, hablan de estética e incluso de valores. En síntesis estoy convencido que corresponden a expresiones artísticas verdaderas. Es más, creo que Andy Warhol de algún modo ya lo había previsto y más de alguna señal nos había mostrado en su eterno mostrar jugando.

Entones cae de cajón la pregunta: ¿será acaso que los grafitis vienen a continuar la Iconografía extraviada por los muros impecablemente blancos de las ya obsoletas ciudades modernas?

Es obvio: sí.

Iván Henríquez Figueroa

Carta de despedida para mi gato.

Enviado por Iván Henríquez Figueroa el lun, 05 oct, 2009 a las 18:04
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Jamás imaginé que hoy iba a pasar lo que pasó. ¿Por qué te fuiste si afuera hay un sol hermoso? ¿Dime, si es que puedes, por qué lo hiciste?

¿No querías acaso volver a disfrutar del calorcito que tanto te gustaba? ¿O no querías volver a abrir tus ojos para mirarme de reojo y saber que igual no más íbamos a jugar un ratito, aunque yo no quisiera?

Sabes, gato mío, hoy era tu día para ir a ver al veterinario. Te lo había dicho anoche. Anoche cuando te vi y apenas me miraste. Anoche cuando supe que ya estabas cansado. Anoche cuando, casi dejándote caer de la cama, te alejaste de nosotros y te fuiste a descansar a un lugar escondido y oscuro.

¿Cómo iba a pensar lo que iba a suceder, amigo mío? Estás acá a mi lado, en una cajita que te cubre, dentro de una bolsa y arropado con una de las tantas poleras mías que disfrutabas al hacértela tuya. Sobre esta caja está tu manta verde de polar, que te está tapando y te protegerá del frío que tenías.

Cuchi, amigo, compañero, más amigo mío, estoy esperando que llegue el resto de la familia para ir a dejarte al parque donde están los otros compañeros tuyo descansando. Ahí te voy a poder ir a ver. Ahí te voy a ir a proponer que saltes y juguetees por los aires, como lo hiciste siempre desde que llegaste a esta casa. Ahí te voy a imaginar al lado mío, con esa libertad que nos enseñaste de siempre estar feliz y siempre no respetar nada de nada. Ahí te voy a ir a saludar, gatito mío, cuando sepa que la vida es más que un partido de fútbol, un trabajo o una carrera.

Cuchito, sólo te escribo porque sé que entenderás que todo lo que vivimos fue una hermosa amistad y que desde este momento renuncio a toda estupidez.